¿Qué carajos les pasa a todos? ¿Es divertido ser idiota? ¿Les gusta ser parte de una sociedad de pendejos?


El otro día en un examen de matemáticas en equipo saque sólo 1 de calificación. El punto bueno fue de las operaciones que yo hice. Afuera del salón de filosofía hay un grupo de tipejos de una capacidad intelectual tan diminuta que lo único que saben hacer, además de mirarle el atractivo a las chicas, es pegarle a una jodida pelota. En el transporte público, que me veo obligado a tomar diariamente, mientras yo le daba mi asiento a una despreciable anciana, el sujeto que se encontraba a mí lado no otorgaba su asiento a la otra despreciable (y más viaja aún) anciana que apenas podía mantenerse de pie. Ayer en un anuncio importante del colegio, el patético alumnado chiflaba e insultaba sin saber ni un carajo sobre el tema al profesor que, valiente, hablaba al estudiante reprimido. Qué gente tan mal educada hay por ahí. Me dan asco. 


Es imposible hablar de algo serio en la escuela porque todos lo consideran aburrido o, más frecuentemente, porque no le entienden. ¿Para qué hablar y tratar de solucionar problemas estudiantiles si Ariadna está buenísima? Las artes y la cultura no son temas principales, eso es nerd y aburrido. Mejor platiquemos de tus fracasos amorosos, de esa búsqueda patética e inútil del amor. ¿Para qué aprender política, si todos hacen lo que quieren? Valen verga. De verdad la gente es repugnante, los pocos con los que me gustaría sentarme a charlar y a pasar un buen rato están a kilómetros de distancia haciendo algo bueno. 


¿Mi familia? Tienen tantos problemas tan sencillos de resolver que no se dan cuenta de lo estúpido e innecesario que resultan las demandas legales. ¿Por qué coño no me escuchan? ¿Mis propuestas no son válidas por qué no le hablo a más de la mitad de ustedes? Me pregunto cuánto dinero se hubieran ahorrado para salvar sus vidas del fracaso total si me hubieran escuchado, quién sabe, quizá ahora serían una linda familia unida. 


Las personas mayores son increíblemente irritantes, su presencia es comparable a la sensación que te da cuando estás ebrio y quieres vomitar. Lo escribo no sólo por la anciana del transporte público, sino porque también son lentos y quieren que les ayudes para todo. ¿Qué tal el adolescente promedio? El otro día una chica me preguntó mi nombre en el camellón del colegio, yo la miré atentamente por unos segundos y, luego ver que no era muy atractiva, continué mi camino sin decirle nada. Qué fastidio que la gente te esté hablando o mirando mientras caminas. También hace una semana una chica abrió la puerta en medio de una clase preguntando por una tal Brenda, entonces mi maestro favorito hizo algo que todos deberían hacer: patear la puerta mientras insultas a todos. Hay chicas que quieren hablarme pero, a excepción de la que me gusta, todas pueden irse al carajo, estúpidas. Sólo sirven para el sexo, deberían tenerlas en una jaula. Por otro lado, el otro día me topé con un joven comunista -vestía de playera negra con un estampado del Che y la hoz y el martillo- que me quería vender un dulce. La conversación fue la siguiente: 


-Amigo, cómprame un dulce, uep*, y déjame morir junto al Che

- No tengo dinero -respondí-. 

-Amigo, sólo dos pesos para morir junto al Che.

-¿Morir junto al Che? 

-Sí, morir, estar junto al Che 

-El Che fue un asesino repugnante

-El Che es el, uep, salvador del pueblo. Déjame morir junto al, uep, Che. 

-¡No! -y me aleje rápido- 

*Entender como onomatopeya de hipo. 


Su primer error fue llamarme "amigo", el segundo intentar hacer que le compre un dulce, y el tercero decir que quería morir junto al Che. ¿Qué persona le daría dinero a semejante adefesio comunista? 


Una noche salí a uno de esos museos de la ciudad, y mientras caminaba observaba el mundo. Naturalmente me pareció una mierda, miré como unos tipos en el metro, sumamente ebrios, veían acosadores a las mujeres que pasaban diciéndoles tonterías. Ellos eran de esos jóvenes que salen siempre de noche, que van a drogarse y a tener un posible flirt en una de esas fiestas en los antros. Yo veo a esas fiestas como un conjunto de orangutanes ebrios y nada más. En el camino también vi muchos señores gordísimos, ¿acaso todos por aquí tienen sobre peso? Comer es un placer, pero hay límites. Los gordos son un estorbo, deberían morirse o algo así para que no obstruyan la poca buena naturaleza que todavía queda en la ciudad.


No, espera. Estoy exagerando, tengo arrebatos de enojo repentinos. Pero me encabronan, el continente donde vivo hace algunos cientos de años tenía honor, ahora en vez de evolucionar intelectualmente disminuimos nuestras capacidades. El mundo, Dios, la vida gusta de joderme, y me ha puesto en medio de un grupo de pendejos que triunfan a base de corrupción, que no saben hacer nada, que creen que no puedo ser cada día mejor. Mis compañeros de secundaria , por ejemplo, creen que sigo teniendo la misma mentalidad, como ellos, de hace cuatro años. Sigo siendo yo como esencia, pero no sigo siendo yo al mismo tiempo. ¿No comprenden, cierto? La gente cree que el tiempo es estático sólo porque ellos no se me mueven. 


Después de escribir esto recité un soliloquio en mi habitación oscura. Mis pensamientos ahora pertenecen a la oscuridad de ella. Ojalá nadie los haya escuchado, porque hasta yo sentí miedo.


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