La historia de Pedro es, por más fuera de lo común que cualquier persona "decente" pueda creer, real. Existe aún en estos momentos y también, probablemente, exista en el momento en que tú estés leyendo la presente historia. Jamás sabré con certeza el verdadero nombre de mi personaje, o mejor dicho, de mi inspiración en acento cómico. Pedro -como así me agrado llamarlo- se encuentra viviendo en el Estado de México, un estado que yo muy personalmente considero una basura, lleno de delincuentes, gente maleducada, corruptos y políticos sin escrúpulos. 


Desde aquí, mientras escribo estas palabras, le mando mis mejores deseos a la gente cuya comunidad se encuentra afectada, de forma graciosa e intrínsecamente molesta, para que prosperen como grupo e individualmente, saquen de la mediocridad en la que está sumida ese estado del país y no permitan que ese hombre continué por ahí. Mientras, Pedro puede continuar con sus "perversiones" que si bien no son correctas, debido al lugar donde vive o le gusta merodear, logró llevarlas a cabo. Continúa hoy día en las mismas y no parece, al menos hasta donde tuve las últimas noticias de él, que se vaya a detener.


Desde Stevenson y la poesía de Homero no leía algo tan bello.

~Jorge Luis Borges

Es una mierda de principio a fin, no lo lean.

~Franz Kakfa

Merece vender más ejemplares que la Biblia.

~Jesús

¿Cuándo conseguirás trabajo?

~Mi padre


                                                                  Recuerdos

¡Dame de comer, zorra estúpida! –ordenó Pedro a Irina- Todo el día trabajando y no puedo tener ni siquiera la cena lista cuando llego a casa. ¡Vales verga, Irina, de verdad!

En ese momento Pedro la abofeteo. Irina cayó al suelo.

-¡Hijo, cálmate! -interrumpió la señora-.

-Tú cállate mamá. No la defiendas. Ahora escúchame, puta –dijo Pedro levantando a Irina del suelo-.

-Pedro, por favor, no –dijo Irina llorando y sobando su rostro-. Te juro que ya tendré todo listo cuando llegues.

-¡Deja de llorar, mierda! –Pedro comenzó a romper todo lo que encontraba a su alrededor. Su madre intervino, abrazándolo-.

-Irina, ve a mi cuarto, toma dinero y ve por algo de comer –le dijo su suegra-.

-Pero, son las 11pm –dijo Irina. Pedro iba a golpearla otra vez cuando Irina echó a correr hacia el cuarto-

Buscando el dinero Irina abrió el cajón donde está la ropa íntima de su suegra. Encontró una bolsa llena de fajos de billetes. Irina se sorprendió. Pensó en tomar ese dinero y marcharse de una vez por todas. Guardó la bolsa dentro de sus pantalones, tomó una bolsa grande y salió de la casa. Lo último que le dijo a Pedro fue “enseguida vuelvo”. Pasaron los minutos e Irina no llegaba. Pedro se dijo a sí mismo que en cuanto llegara la mataría. Corrieron las horas y Pedro y su madre fueron a dormir. Ella más preocupada que él, Pedro sólo tenía rencor. Por la mañana salieron a buscarla pero no daban con ella, nadie sabía a dónde había ido, es más, nadie la vio ayer por la noche. Preguntaron en todas las tiendas, pero todos afirmaban que Irina nunca estuvo con ellos. De regreso en casa Pedro comenzaba a sentir culpa. Algo le dolía en su pecho. Entonces su madre salió gritando de su cuarto.

-¿Qué pasa? –preguntó Pedro extrañado-

-¡Se llevó nuestro dinero! ¡Se llevó nuestro dinero!

-¡No! ¡No es tan estúpida!


Pedro en un ataque de locura golpeó a su madre. La maldecía como si ella fuese la culpable de todas las desgracias. La golpeó tanto y tan fuerte que la mató.


Pedro salió corriendo de su casa abandonada, en ella sólo habitan él y el cadáver podrido de su madre. Subió a su bicicleta y anduvo sobre ella hasta más no poder. Se tiró a llorar en un callejón oscuro por su madre muerta desde hace ya diez años. Recuerda con exactitud como la mató después de enterarse que Irina se había ido con todo su dinero. A partir de ese momento a Pedro le comenzaron a excitar todas las mujeres, pues en todas veía a Irina. Él se enamoró de ella porque le excitaba muchísimo. Comenzó a mirar a las mujeres desde lo oscuro, como un pervertido. Después de algún rato, cuando una señora iba caminando por aquel callejón, Pedro le salió de repente y comenzó a masturbarse en frente de ella. La señora cayó al suelo sorprendida. Así que Pedro pudo masturbarse hasta acabarse en su cara. Subió a su bicicleta verde y huyó de ahí.


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