"La demencia es evolución de soledad" me dijo una voz que salió de la nada.


Estoy nervioso. Las últimas tres noches no he podido dormir, paso mucho tiempo parado en la oscuridad hablando no sé qué con no sé quién. Tiemblo, pero no hace frio. Hay problemas conmigo, no consigo ser feliz. Cuando la felicidad llega lo hace tímidamente, sin hacer ruido, cargada de algo excepcional. Sin embargo dura poco, como el suspiro de la imagen de un ser maravilloso que se desvanece, entonces me encierro y sollozo, lloro.


A veces extraño a mis amigos, pues me hacen feliz, pero tampoco quiero estar mucho tiempo con ellos. La soledad me gusta, aun me está matando justo cuando yo creía que todo iba bien. Soy una persona con escasos problemas, y mírenme, sufro y pienso que todo se ha perdido, que todo es inútil. Cuando de hecho mi vida tiene éxito: tengo personas que me quieren, hago lo que me gusta, aprovecho mis habilidades, tengo dinero, una mascota, soy libre. Gente por ahí anda con el cuádruple de problemas que yo y no piensan en el suicidio, sólo que ellos no son tan sensibles. ¿Qué coño me ha pasado? No soy ni la sombra del Haile fuerte que leía a oscuras, que obligaba a su cuerpo a dormir, a relajarse, a pensar con crudeza y realidad. Creo que sé la causa, fue el arte, fue el conocimiento, fue la literatura, la poesía: fue Borges.


Me pregunto que tan desgraciado se tiene que llegar a sentir uno como para suicidarse. Yo quiero llegar a ese límite. Sufrir es delicioso, se siente rico esa presión en la garganta, el cosquilleo en el estomago, el dolor de cabeza intenso; se sienten ricos los soliloquios, leer. El arte se siente rico, complejo, como el sentimiento que da cuando terminas de ver el arte de Ron Mueck. Soy un amante de la soledad. Siempre hago lo posible para que las personas no me hablen. Sin embargo nunca he sido lo suficientemente antipático, al parecer tengo algo que hace a las personas acercarse a mí sobre mi comportamiento, me hablan y quieran entablar amistad conmigo. Lo aprecio pero no me gusta. Yo soy de pocas compañías.


La observación dice que el idiota es feliz siempre y sobre todas las cosas, lo admiro. Ojalá pudiera compartir la idea de que el objetivo en la vida es ser feliz, lo que pasa es que también me gustan los otros sentimientos. Desde la más profunda tristeza y deseos de morir por la soledad, hasta el odio más cruel a causa de la misantropía natural. Me gusta ser feliz, por supuesto, pero debe haber más. Algo más que ser feliz y amar. ¡No puede ser todo! ¡Qué decepción! La vida y el universo son demasiado perfectos como para eso. Quisiera ser parte del tiempo y mirar mí propio fin. Ser algo pensante muy lejano al ser humano.


 “¡No puede ser todo!” fue lo que grito el que comenzó los mitos de “Dios”. Pensamos, por eso creamos. Dios no existe. Ni siquiera me posiciono como agnóstico. En estos tiempos no se puede ser agnóstico. ¿Conocimiento de lo divino? Lo divino no tiene objeto de estudio preciso ni conocimiento, lo divino es estúpido. Stephen Hawking, el científico condenado a pasar el resto de su vida en silla de ruedas, que no puede hablar y que su propia vida es considerada por los médicos –al no poder explicarlo- como un milagro, dijo no hace mucho: “El cielo es un cuento de hadas para los que tienen miedo a la muerte” Y también una verdad lógica: “Cuando el cerebro deja de funcionar, se acabó todo”. Y ya. Cuando se dice algo así, los religiosos entonces te sueltan tonterías y pasajes de su respectiva literatura. “No puede ser todo” es, precisamente, lo que yo grito hoy, consciente de que, hasta que no lo sienta, esta vida es todo porque el humano es ínfimo. Vivo con esa demencia de una millonésima de segundo que vivo en el tiempo.


"La demencia es evolución de soledad" me dijo una voz que salió de la nada. 

Gracias, estúpida. 


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